Decálogo impositivo de un (contribuyente) español.
Publicado por Antonio Esteban en Octubre 27, 2009
Hemos expresado con frecuencia la necesidad un marco impositivo: eficaz, progresivo, solidario, eficiente y equilibrado a la realidad económica de los contribuyentes y, necesariamente, condicionado a la situación presupuestaria del país.
¿Cumple nuestro sistema impositivo con los requerimientos enunciados?
Recogemos un decálogo que nos parece interesante en los siguientes términos:

- La fiscalidad invade todas las funciones económicas: consumo, producción, comercio exterior, inversiones, etc.
- Actualmente, la competitividad necesaria a efectos internacionales impide que el Estado pueda jugar arbitrariamente con los impuestos, pues vivimos en una economía globalizada, prácticamente sin fronteras.
- Los diversos modelos económicos se comportan de manera muy diferenciada en cuanto a fiscalidad. En nuestro caso, casi siempre ha prevalecido el criterio recaudacionista, sin medir suficientemente los efectos de la presión fiscal en el desarrollo económico.
- Además, el fisco en España estima en principio que todo empresario o profesional, persona física jurídica, por el mero hecho de ser cualquiera de esas dos cosas, tiene la presunción de defraudador y evasor de impuestos.
- Un déficit presupuestario fuerte no puede resolverse, simplemente, con la subida de impuestos. Sobre todo cuando, como sucede ahora en España, los ingresos fiscales están en caída libre a consecuencia de la crisis.
- Los efectos de un aumento de la presión fiscal en tales condiciones pueden contribuir a empeorar la situación por su incidencia negativa sobre la demanda y por disuadir determinadas inversiones, especialmente las extranjeras, que buscan siempre climas fiscales lo más cálidos posible.
- Escoger los tributos indirectos para aumentar la recaudación va contra los más elementales criterios de progresividad fiscal, al afectar sobre todo a las clases medias y trabajadoras.
- Adicionalmente, al elegirse el IVA como impuesto de mayor recaudación potencial, se produce la anomalía de gravámenes en cascada. Es lo que ya ocurre en España, con los carburantes, alcoholes, tabaco, etc., puesto que además de una imposición particularmente específica, en todos esos productos incide el IVA, al recaer sobre una base imponible en la que ya pesan los citados impuestos especiales.
- Y si la elevación de impuestos no puede dar la felicidad al Gobierno —que en buena medida, como dijo Danton, sigue siendo el enemigo del pueblo—, tampoco da la felicidad la deuda pública a largo plazo. Porque en algún momento hay que pagarla.
- En conclusión, el Gobierno lo que necesita es buscar la austeridad propia, y la eficiencia del gasto público, con políticas activas de empleo, en vez de polarizarse en una cobertura del paro cada vez más amplia, con menos incentivos para retornar al trabajo.
Fuente: intereconomía.



